sábado, 19 de julio de 2014

2o capítulo. Visto lo visto, yo no era la única que tenía mucho que contar.

-¡Mierda ya son las 18:00, voy a llegar tarde! - exclamé, al tiempo que me levantaba rápidamente de la cama y la estiraba un poco.
Tenía un problema: me había dormido, me quedaba menos de media hora y aún no había recogido la habitación. No podía perder tiempo, así que abrí las bolsas del calzado y las vacié en la zapatera como pude. Con la ropa hice algo parecido. Solo esperaba que a mi madre no le diese por abrir el armario,porque me iba a matar si veía todo ese estropicio.
Miré el móvil mientras me cepillaba los dientes, 12 whatsapps de 3 conversaciones. Para mi sorpresa, uno era de Dana:
 "Llegaré un poco tarde, he tenido unos problemillas con mi padre y tengo que ir a hacer unos recados, ya sabes, lo de siempre...pero no tardaré mucho, a menos cuarto estaré allí,lo siento :( <3"
Que alivio, ya no tenía que darme tanta prisa, ahora me quedaba tiempo de sobra. Miré los demás whatsapps. 10 de ellos eran del grupo que tenía con mis mejores amigas de la ciudad: Mirella, Lara, Miriam y Alma, y el otro restante era de Hugo. Primero abrí el de este:
" Ya llegué de trabajar,cansadísimo para variar... qué tal el viaje? joder, pensar que ahora estás a cuatro horas de mí, mientras que ayer mismo estabas en mi cuello sentada... ya te echo de menos"
Como siempre, conseguía sacarme esa sonrisa tonta con sus whatsapps... era un cielo y sin duda me gustaba. A pesar de que mis tres mejores amigas del pueblo, Julia, Vanesa y Patricia,las cuales me conocían desde pequeña,se opusiesen completamente; llevábamos 1 mes saliendo. Ahora se nos venía lo peor encima: la distancia. Comenzamos a salir el 12 de Agosto. Nos conocimos en Julio, y congeniamos bien desde el principio. Era un chico bastante alto y moreno, tanto de piel como de cabello. Sus ojos eran marrones, nada fuera de lo normal,pero quizás por su forma llamaban la atención. Aún así, lo que mas me gustaba de él,sin duda,era su sonrisa despistada, aquella en la que me fijé desde el primer momento. Me trataba muy bien y se veía desde lejos que yo le gustaba de verdad. Me sentía tan a gusto a su lado...qué difícil iba a ser todo ahora. La idea de no poder verle todos los días como había hecho estos dos meses atrás me atormentaba. Contesté a su whatsapp:
"Qué pena no poder estar ahí para darte uno de mis masajes,esos que tanto te relajan tras una dura jornada  :( Yo también te echo mucho de menos...aún así tranquilo,nos vemos en 15 días! El viaje agotador, pero con el pesado de Pedro y sus historias.. que esperabas?? jajaja Bueno, ya hablamos, he quedado con Dana, te quierooo <33 "
Ya eran y media,tenía el tiempo justo para llegar al bar a tiempo. En realidad,deseaba llegar un poco antes para pillar sitio y esperar a Dana con nuestras Coca-Colas ya servidas. Además,aprovecharía para hablar un rato con Iván, al cual hacía mucho que no veía. Me miré en el espejo, me peiné un poco con la mano, me eché rímel, me calcé mis vans negras y tras mirarme de nuevo en el espejo por última vez y despedirme de mi familia, me fui.
Tardé diez minutos en llegar. En el camino llegué a pensar que estaba en un videoclip. Tenía la música a todo volumen, incluso el móvil me advirtió de ello con un mensaje al subirlo,como siempre que tengo los auriculares enchufados, y la gente que veía por la calle parecía muy contenta. Todo el mundo sonreía. El buen tiempo que hacía, ayudaba sin ninguna duda, pero quizás el verlo todo de esta manera, era porque me sentía realmente feliz.
-¡Mira quien por aquí! Parece que el verano te ha venido de vicio, estás incluso más guapa - gritó Iván mientras salía de la barra para darme un abrazo y un beso.
Me ruboricé un poco mientras me reía. Me daba mucha vergüenza que la gente se fijase en mí, y en ese momento, todo el bar estaba pendiente de nosotros.
-¡Serás idiota! No se si a mí me ha cambiado el verano o no,pero a ti estoy segura que nada de nada, sigues igual de payaso que siempre.
Cuando se separó de mí, con una sonrisa señaló la mesa la cual Dana y yo ya nos habíamos agenciado y se acercó a la nevera que estaba tras la barra. Asentí y me senté en esta. Él no tardó en llegar con dos Coca-Colas.
-¿Qué tal el verano? Ya tenía ganas de verte. Dana vino un par de veces este verano,acompañada de un tal Álvaro, un chico muy alto y parece ser que atractivo para muchas, pero tú ¡nada de nada! No se te vio el pelo en estos meses. Supuse que estarías de vacaciones,pregunté y Dana me dijo que estabas en el pueblo de fiesta en fiesta,para variar -me guiñó un ojo - a saber que harías tú por allí.
No sabía que Dana había visitado el bar este verano, y menos que lo había hecho junto con Álvaro, su ex... Visto lo visto, yo no era la única que tenía mucho que contar. Lo que me extrañaba era que ella no lo hubiese mencionado en ningún momento las veces que hablamos por whatsapp pero,supuse que al ser algo importante,prefería contarme lo en persona.
-Pues genial, la verdad, no tengo queja ninguna. ¿Tú qué tal? -le empujé- no seas idiota,ya sabes que soy muy formal.
-Sí,sí, formal... con lo guapa que estás y sabiendo como eres, seguro que varios cayeron en tu trampa. Yo trabajé durante todo el verano, pero bueno, con el dinero que gané conseguí comprar me un coche, algún día te lo enseñaré y te llevaré a dar una vuelta.
Iván se acababa de sacar el carnet, tenía la edad de Dana, 18 años, era bastante atractivo. Sus ojos verdes y su pelo negro como el carbón. Llevaba trabajando desde los 16 en el bar, del cual era dueño su tío, a la vez que se sacaba el bachiller en un instituto de las afueras. Era muy buen chico y con él era imposible no reirse.
-¡Eso espero! Pero...miedo me das.
-Cualquier martes de estos,morena. Me vuelvo de nuevo al trabajo. - me guiñó un ojo de nuevo y dando me la espalda se acercó a tomar nota a una mesa cercana.
Ya eran menos diez y Dana se retrasaba. Me daba la sensación de que a nuestras Coca-Colas se les estaba yendo el gas. Quizás servirlas antes,no había sido buena idea. Para comprobarlo eché un trago. Me equivocaba, estaban en perfecto estado. Pillé el móvil y empecé a jugar a mi juego favorito, al cual por culpa de mi madre, estaba enganchada. El famoso "Candy Crush". Tras conseguir pasar el nivel en el que me encontraba, Dana apareció por la puerta y corriendo se acercó a la mesa, fatigada.
-Lo siento Iraida, fui lo más rápido posible,créeme - se abalanzó sobre mí y me dio un fuerte abrazo y un beso, parecido al que minutos antes me había dado Iván- ¡tenía ganas de verte pequeña! ¿qué tal con Hugo? Tengo muchas cosas que contarte. Llevo todo el verano esperando a verte en persona para ver tu reacción.
No paraba de hablar, algo que se me hacía realmente raro,ya que la que solía comportarse así era yo. Acercándole la Coca-Cola y señalando le la silla de en frente para que se sentase, me comencé a reír a carcajadas.  Ella de un tragó se bebió medio vaso y al sentarse suspiró profundamente. Al ver esto, me reí aún más y en cuanto se dio cuenta, intentó poner cara de indignación, algo que no consiguió ya que terminó riéndose conmigo.
-Parece que tenías sed... Hmm, creo que debería echarte una charla de las tuyas sobre la puntualidad... Bueno, te la pasaré esta vez, pero solo por las ganas de verte que tenía. Yo también tengo muchas cosas que contarte pero creo que lo tuyo es más interesante, así que ¡ya tardas en empezar!
-Serás boba...¡hice lo que pude! Bien, pues vas a quedarte de piedra. Verás, el mes pasado...
-Espera -la interrumpí- ya casi te has terminado la Coca-Cola, iré a pedir otra, y de paso compraré una bolsa de patatas para mí, que las circunstancias se lo merecen.
Me acerqué a la barra e Iván no tardó en atenderme. Cuando conseguí lo que quería, lo llevé como pude a la mesa y nada más sentarme dije:
-Vamos, ahora sí, continúa.

martes, 8 de julio de 2014

1er capítulo. Era una chica muy bohemia.

-¡Mira como tienes todo! Aún no hace ni una hora que llegamos y ya está tu habitación hecha un desastre...Iraida por el amor de Dios, haz el favor de recogerla un poco y de deshacer las maletas - exclamó mi madre mientras se abría paso entre las bolsas llenas de ropa y zapatos que había por el suelo.

-Mamá, tengo tiempo de sobra. Hasta las 18:30 no he quedado con Dana 

-Te quedan 2 horas, tú verás lo que haces, pero ya sabes que no sales de casa hasta que tu habitación no esté recogida 

Asentí y le sonreí, como solía hacer en estos casos. Ella se marchó resoplando a la cocina. De nuevo me puse los auriculares y me acosté en la cama. Tenía mucho sueño, las cuatro horas de viaje de vuelta habían sido agotadoras. Aguantar al plasta de mi hermano con sus teorías sobre la vida y el disfrute de esta, fue un infierno. Nadie en el coche le escuchaba pero él seguía hablando sin parar. 

Pensé en echarme una siesta, pero estaba segura de que no me iba a despertar a la hora. Si algo tenía, era un sueño muy profundo y para mí, las siestas de media hora no existían.  No podía llegar tarde, Dana me esperaba a las 18:30 en el bar de la esquina, aquel que solíamos frecuentar, y si lo hacía, tendría que aguantar de nuevo su charla sobre la puntualidad, como siempre. Era como una mamá a pesar de tener un año más que yo, pero me entendía muy bien con ella y aun que lo negase, me divertía ver como se comportaba cuando yo hacía algo mal. 

Conocí a Dana en la escuela de idiomas, era mi compañera de pupitre. En un año cogimos mucha confianza, hasta llegar a contarnos nuestros mayores secretos. Se podría decir que pasó a ser una de mis mejores amigas. Solíamos quedar los martes después de las agotadoras clases de francés en las que la pobre, sufría las horribles críticas de nuestro profesor al que era difícil caerle bien. Por suerte, yo pasaba desapercibida. Me encantaba estar con ella. Terminó convirtiéndose en costumbre el pedir dos Coca-Colas en el bar. Incluso Iván, el camarero, se extrañaba cada martes que no nos veía allí sentadas en nuestra mesa al lado del ventanal. Teníamos muchas cosas en común. Ambas eramos iguales pero a su vez, muy diferentes. Ella era la chica responsable. Yo también lo era, pero menos. Dana iba arreglada a todos sitios, cuidaba mucho de su peinado y de su ropa, sin contar la cantidad de abalorios que siempre llevaba encima. Mi aspecto era más rebelde. Nunca ponía abalorios,a penas tenía, salvo un colgante que había comprado en uno de mis viajes, que siempre me acompañaba, y mi pelo al igual que mi ropa, no me preocupaba en exceso. Me peinaba con la mano,salvo las veces que salía de la ducha y en general, me vestía con lo primero que pillaba del armario. Eso sí, siempre conjuntada. A ella le encantaba cocinar y su especialidad eran sin duda las famosas "cup-cakes" de chocolate, plátano y miel. Yo en cambio, no tenía mucha idea, sabía hacer lo justo para poder sobrevivir; macarrones, arroz... y en cuanto a los postres, mi mayor logro había sido un bizcocho de chocolate. Ella disfrutaba de la compañía, tenía muchos amigos, era raro el día que por la calle no nos encontrábamos a alguno de ellos. Yo también tenía una gran cantidad de ellos,pero me gustaba más la soledad. Adoraba esas tardes dedicadas a escribir y a escuchar música. Bastantes personas,entre ellas Dana, me decían que era una chica muy bohemia . Aún así, me encantaba salir de fiesta y era bastante social. Carecía de enemigos, siempre evitaba malos rollos y era de las que todo lo arreglaba con la palabra. Tenía mucha paciencia, y a diferencia de Dana, me costaba mucho mostrar mis sentimientos.Se podría decir que era "muy mía" . Poca gente me había visto enfadada, al menos, no de verdad. Siempre andaba con rodeos para decir las cosas y casi nadie lograba entenderme a la perfección. En realidad, ni yo misma lo conseguía. Dana era caprichosa y si algo no salía como ella quería, de alguna manera se molestaba. Yo no lo era y cuando las cosas no salían como quería, sin perder el tiempo hacía todo lo posible para conseguirlo. Si algo me calificaba además de mi amor hacia la comida,la escritura, la música y el dormir, era mi poder de convicción y mi tozudez.
Tenía muchas ganas de verla. Tras estos dos meses de vacaciones, era yo la que venía cargada de historias que sin duda, le iban a sorprender, de eso estaba segura. Esta vez nos cambiaríamos los papeles, y le tocaría a ella escuchar atenta antes de opinar y aconsejarme. ¡Oh! Ya eran las 17:00h y aún tenía que recoger la habitación. Pero... ¡mi canción favorita sonaba en mi móvil! Bueno, aún me sobraba tiempo y estaba vestida, con lo cual, estaba todo bajo control. Subí el volumen y cerré los ojos para poder disfrutarla mejor.